Nos construimos a lo largo de toda la vida. Vamos aprendiendo y desaprendiendo. Sin embargo, es en la infancia donde adquirimos gran parte de los aprendizajes y especialmente, los aprendizajes más profundos, los que hablan de quienes somos y cómo tenemos que hacer para sobrevivir en el mundo. ¿Cómo lo aprendemos? En la interacción con el otro. Nos construimos si hay otro que nos refleje cómo somos.

Cuando nacemos, lo hacemos sin la capacidad crítica, que se desarrollará mucho más adelante. Es por eso por lo que todos los mensajes que recibimos nos los “tragamos sin masticar” y pasan a formar parte de nosotros. Muchas veces, no es que recibamos mensajes con mala intención, sino que también entra en juego la interpretación infantil que hacemos de ellos. ¿Sabéis como los niños interpretan? Con dos reglas básicas:

  • La autorreferencia:

El niño explica todo lo que ocurre tomándose a sí mismo como referencia (culpable, causa…). Si mamá grita es porque yo he hecho algo mal, si papá me pega es porque yo soy malo, si papá me grita haciendo los deberes es porque yo lo hago fatal…. De esta forma puedo sentir que controlo un poquito lo que sucede. Solo tengo que dejar de ser malo para que papá me deje de pegar. Y lo intento una y otra vez una y otra vez…

  • La protección del vínculo:

El niño, ante todo, necesita proteger el vínculo con sus padres. Todo lo que necesita el niño para sobrevivir es que alguien le quiera, le mire. El niño necesita a otro para definirse por lo que más le vale, además, una mirada negativa que ninguna mirada. Es ahí cuando, sobre todas las cosas el niño necesita proteger el vínculo protegiendo la visión que tiene de sus padres, es decir, salvándoles de cualquier crítica que el mismo pudiera hacer de ellos, para eso usa el mecanismo anterior (“yo soy el malo”, “yo soy el desobediente”, “soy un torpe”).

Esto es lo que todos hemos hecho y lo que tus hijos están haciendo ahora. Por ello es muy importante mandar mensajes que les hagan sentir amados, valiosos, protegidos. ¿Lo hacemos?

Por lo tanto, en todas las interacciones de nuestra infancia recibimos mensajes que interpretamos de forma infantil (con estas reglas) y que traducimos de esta forma a “verdades” sobre como vemos el mundo, a los otros y a nosotros mismos. Mediante la mirada y la conducta del otro (a pesar de que no me quiera transmitir lo que yo interprete) es como construimos nuestra identidad.

Los gritos, culpabilizaciones, juicios, reproches, etiquetas y calificaciones ponen en el niño la visión que después tendrá de si mismo y que, a no ser que decida y trabaje para lo contrario, arrastrará como adulto.

Nuestra mirada y el mensaje que mandemos importa. El niño no usa una capacidad crítica que aún no posee para generar un sentido del si mismo, utiliza nuestra mirada y lo que recibe del adulto para saber cómo es él y cómo no es.

Transmitámosles que son valiosos, dignos de sr amados, que están bien tal y como son.