Una vez que la conocemos y sabemos más de nuestra niña interior (ver cómo) es importante que empecemos a cuidarla, validarla, comprenderla y satisfacer como adulta sus necesidades.

Aquí puedes leer algunos pasos para hacerlo.

     1. Contacta con ella.

Ten presente que esa niña está y estará siempre en ti. Puede que sane, que se transforme en el proceso de cuidarla y conocerla, pero siempre se expresará dentro de ti. Es por ello que es fundamental que estés en contacto con ella.

Al inicio será más complicado, pero después saldrá solo. Prueba en un primer momento guardar un tiempo y un espacio para ella. Puedes ir a un lugar cómodo y tranquilo donde nadie te vaya a molestar e imaginártela dentro de ti. Ponle rostro, cuerpo, vestimenta. Ponle también una expresión en la cara, una actitud corporal, ¿cómo es esa niña? ¿qué es lo que siente? ¿cómo lo expresa? ¿qué miedos tiene? ¿qué es lo que la conforta

     2. Conoce su historia para entenderla mejor.

Como ya se ha dicho alguna vez:

Conocer tu historia es el punto de partida para conocerte a ti misma, que al mismo tiempo te ayuda a saber qué necesitas y cómo dártelo.

Cada una de nuestras niñas interiores tiene una historia diferente. Ha crecido en lugares, momentos temporales y con personas diferentes. La han tratado de formas dispares, se han comportado con ella de distintas maneras. Esto quiere decir que cada una tendrá unas necesidades sin cubrir, unas heridas o unas fortalezas diferentes.

Conocer nuestra historia nos permite saber qué es lo que no hubo en ella y que nos faltó y que es lo que hubo que sobraba, que no tendríamos que haber vivido, de esta forma conoceremos cuáles pueden ser las heridas (rechazo, abandono, humillación, falta de presencia…).

     3. Detecta qué es lo que pide y cómo lo pide.

Esta niña interior arrastra estas necesidades no cubiertas toda nuestra vida, hasta que decidimos sanarla. Por lo tanto pide aquello que le faltó o que necesita de formas diferentes. Date cuenta de qué es eso que REALMENTE necesita. Para ello necesitamos estar en verdadero contacto con nuestro interior, sabiendo que desde lo que realmente pedimos a lo que necesitamos puede haber un abismo.

No siempre pedimos lo que REALMENTE necesitamos. Muchas veces DESPLAZAMOS lo que necesitamos hacia otro lugar, es decir, pedimos algo cuando realmente necesitamos otra cosa.  

Lo que normalmente necesitamos del otro no es que haga esto o lo otro, suele ser mirada, escucha, reconocimiento, compañía…

Además de saber qué necesitamos es muy interesante darnos cuenta de cómo lo pedimos. ¿Lo hacemos de forma desplazada? ¿Tengo reacciones automáticas de rabia? ¿Me pongo muy triste para pedirlo? ¿Castigo al otro para que sepa que tiene que darme algo?

     4. Acéptala y trátala bien.

Es muy frecuente rechazar, criticar y castigar esta parte más infantil, dolida y vulnerable de nosotras. Tendemos a rechazas aquello que sentimos que nos hace “débiles” como es el dolor, el sufrimiento y las propias necesidades. Lo que no sabemos es que cuanto más la rechacemos e intentemos negarla más volverá a nosotras con fuerza en forma de síntomas emocionales, físicos y conductuales.

La respuesta está en integrarla como una parte más de nosotras y para ello tenemos que aceptarla tal y como es y empezar a tratarla como la valiosa parte de mi misma que es.

Solo aquello que aceptamos y nombramos podemos transformarlo. Lo que negamos e intentamos empujar fuera vuelve constantemente en forma de síntomas.   

     5. Ayúdala a sanar

Nadie quiere acercarse a alguien dañado, es natural querernos rodear de salud. Es por ello que para integrar a esta niña dentro de nosotras tendremos que empezar a sanarla de forma que podamos sostenerla cerca de nosotras.

El primer paso para ayudarla a sanar ya lo hicimos, comienza por reconocer que está ahí, aceptarla y empezar a tratarla bien. Sanar también implica quiere entenderla y darla nosotras mismas lo que ella necesita. Además, sanar es darla permisos de que haga/sea/sienta aquello que no le fue permitido:

Puedes ser tu misma.

Estás segura.

Eres importante.

Puedes estar bien.

Puedes sentir y expresar emociones.