La violencia no es siempre evidente. No se limita a un bofetón, un empujón o un grito. No siempre es un episodio aparatoso con gritos e insultos. Esto serían ejemplos de violencia visible (física), es la más “escandalosa” y también la mas reconocida y aceptada como violencia (y, afortunadamente, cada vez más). Algunos ejemplos son: gritos, insultos, amenazas, humillaciones, golpes, abuso sexual, juicio, crítica.

Sin embargo, hay un tipo de violencia que no se nombra ni se menciona, que seguramente ni se detecte entre las personas implicadas. Se trata de la violencia invisible, emocional o pasiva.

¿Qué es entonces la violencia invisible? Es aquella que ejercemos de forma sutil y que agrede emocionalmente al otro. Algunos ejemplos son:

  • Rechazar
  • Ignorar
  • No responder
  • Ningunear
  • Las miradas de “qué pesado/a”
  • Minusvalorar
  • Etiquetar de forma despectiva (“eres un vago”)
  • La falta de protección
  • La retirada de la palabra
  • El castigo con la indiferencia
  • La retirada del amor
  • Chantaje emocional
  • Falta de escucha
  • Sometimiento a los deseos del otro

Debido a lo difícil que es reconocer esto como violencia, es mucho más dañina y las heridas que deja son más difíciles de sanar. ¿Por qué? No daña tanto porque aquello que nosotros vivimos (el daño emocional) y lo que se nombra no coincide, lo cual nos desordena psíquicamente. Aquello que reconocemos como una agresión injusta hacia nuestra persona es aquello de lo que nos podemos defender de forma saludable, reconociendo nuestro dolor como legítimo y poner la responsabilidad de la agresión donde realmente está. Sin embargo, aquello que no podemos nombrar, no existe y si no existe no puede ser sanado. Lo que no podemos reconocer como violencia lo integramos como algo “normal” lo cual nos impide conectar con las heridas que nos crea.

Esto daña especialmente al niño. De adultos tenemos más herramientas para enfrentarnos a aquello que nos daña y tenemos más conocimientos o la posibilidad de obtenerlos que nos las proporcionen. Los niños dependen de los adultos para construir su realidad. Imagina cuanto daño puede hacer cuando la realidad externa, lo que se nombra, no coincide con lo que el niño siente. Esto produce desórdenes psíquicos que le acompañarán en su vida como adulto.

Este tipo de violencia también se puede dar en la pareja, lo cual produce malestar, culpa, resentimiento… Sentimientos que se quedan ahí porque no se ha podido reivindicar el daño por una “cosa tan tonta”. Lo que no sabemos es cómo de importante es esta cosa tan tonta.

Si crees que has recibido cualquier tipo de violencia y quieres sanarla.

Si sientes que estás actuando así con tus hijos/as si poder encontrar otra forma de hacerlo.

Si has visto que esto ocurre en tu pareja y quieres un cambio y un mejor trato entre vosotros

¡Toma las riendas! ¡Para la violencia en tu vida!

Ponte en contacto con nosotras y te asesoraremos sobre cómo hacerlo.