Desde que nacemos traemos a este mundo una serie de necesidades básicas que, si fueron cubiertas en la infancia, los años de crecimiento del ser humano, habremos podido crecer como niños, adolescentes y adultos conectados y conscientes. Es la satisfacción de estas necesidades la que fomenta nuestro desarrollo no solo físico e intelectual sino también emocional y espiritual.

Las necesidades primarias son:

  • Fisiológicas: necesidad de agua, comida, sueño, excreción…
  • Seguridad y protección: sentirnos protegidos y a salvo tanto física como psicológicamente.
  • Motrices: necesidad de movernos y explorar libremente el cuerpo y sus posibilidades motrices.
  • Pertenencia y amor: necesidad de sentirnos queridos, aceptados incondicionalmente, vistos, tenidos en cuenta y tener la sensación de que pertenecemos aun grupo.
  • Estima: necesidad de respeto y valoración por quienes somos, sentir un valor en nosotros.
  • Auto-realizacion: necesidad de crecer, aprender, evolucionar, el autoconocimiento, conocimiento intelectual, razonar, la necesidad personal de alcanzar la plenitud.

Podemos ver que en estas necesidades básicas se incluyen algunas que no son físicas, sino que todos los niños ya nacen con necesidad de amor. Vienen al mundo esperando ser queridos, tenidos en cuenta, protegidos… Desde el primer momento esto lo piden a través del llanto. Y no lo piden por elección, lo piden por necesidad.

Necesitamos amor para sobrevivir. Ya lo descubrieron hace años en estudios realizados en orfanatos de Rumanía, donde los niños que no eran tocados morían de forma súbita. El amor, la protección, el buen trato, el respeto son una necesidad. Y debemos satisfacerlas para que los niños se desarrollen de forma plena y natural.

Pero también necesitamos que se respete cuándo necesitamos comer o dormir, que se nos proteja cuando sentimos miedo sin juzgarnos por tenerlo ni mostrarnos que molestamos con ello (así lo que aprendemos es a reprimir y someter nuestras emociones), que se nos deje movernos, explorar, correr, jugar… Cuando somos niños, necesitamos que se respeten nuestros ritmos, que nos valoren lo que se nos da bien…

Cuando no se satisfacen estas necesidades básicas de forma reiterada, el niño se desconectará de sus necesidades. Ya no sabrá qué es lo que le ocurre. Simplemente habrá malestar en él y no sabrá qué pedir para satisfacerlo. Esto puede salir en forma de problemas de conducta, rabia descontrolada, frustración, llanto…

Las necesidades primarias son la base de la crianza respetuosa. Conocer, conectar y respetar estas necesidades en los niños es la clave para un buen desarrollo. La causa de los síntomas que presentan los niños se asienta en las necesidades no satisfechas, por lo que es un perfecto indicador de lo que está sucediendo dentro de ellos. Llegar a la necesidad no satisfecha y cubrirla calmará el malestar que produce esa conducta.

La terrible consecuencia de conocer, conectar y satisfacer sus necesidades será que los niños crezcan sintiendo que son valioso y merecen ser amados, ¿imagináis que cosa más horrible?

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