¿Te preocupa como te sientes y como actúas? ¿Tienes reacciones emocionales automáticas muy fuertes de rabia, miedo, tristeza…? ¿Estas aparecen con tu pareja, hijos/as u otras personas? ¿Sientes que no puedes con todo?

Quizás es el momento de empezar a darte un espacio para ti, para solucionar aquellas carencias emocionales que puedas tener que hagan que las situaciones te sobrepasen, que fomentan el estrés, el cansancio, el malestar…

En Elige Cuidar apostamos por formar y transformar hacia el ser adulto o adulta que conlleva relacionarnos desde un lugar más calmado ya que las reacciones emocionales que vienen de nuestra niña interior están reguladas por mi parte adulta.

¿Quieres poder empezar a practicar la regulación de tus necesidades? Comienza por estos pasos:

  1. Reconoce lo que te ocurre: reconocer es darse cuenta de lo que realmente está pasando respecto a nuestras necesidades más profundas. Comenzaría por tomar conciencia de que algo no va bien. Por muy sencillo que esto parezca, tenemos una gran capacidad para negarnos a nosotros mismos lo que nos duele. Es muy común ocultar, minimizar o pensar que lo que nos ocurre, lo que nos hace daño, es culpa de lo que ocurre fuera, lo cual complica el poner el foco dentro para darnos cuenta.

  1. Nombra y pon palabras a aquello que te está ocurriendo, tanto la conducta como la necesidad no satisfecha. Empieza por poder traducir el lenguaje de nuestra niña interior (por ejemplo: ¡Nunca estás conmigo!) al de la adulta que se da cuenta (por ejemplo: Necesito compartir más tiempo contigo para sentirme parte de tu vida).

  1. Acepta que eso te ocurre a ti y te ha ocurrido en ese momento. No tiene nada de malo sentirnos como nos sentimos, todo lo que ocurra dentro de nosotras es perfectamente válido. Lo que sentimos solo nos habla de las necesidades que tenemos o de las que pudimos tener y nunca fueron cubiertas. El problema no es sentirlo, es cuando dejamos que salga en modo de reacción automática.

  1. Responsabilízate de esa emoción o necesidad. Todo lo que nos ocurre, aunque tenga que ver con lo que hacen/dicen otras personas es algo que tiene que ver con quien lo siente dentro y, por lo tanto, es responsabilidad suya regularlo, calmarlo, cubrirlo… para volver a estar en un estado de equilibrio. Aceptar que somos las responsables de nuestras emociones y necesidades nos libera de pedir constantemente fuera que estas sean satisfechas y sentirnos frustradas cuando esto no ocurre.

  1. Permítete estar ahí. Déjate sentir por momentos lo que te está ocurriendo y, como se ha mencionado anteriormente, no te quedes en el mero malestar. Permitirnos estar en un lugar hace que podamos comprenderlo más profundamente. Podrás entrar en contacto con lo que ocurre de verdad.

  1. Calma tus propias emociones y satisface tus propias necesidades. En ocasiones solemos pedir al exterior (incluso exigir) que se haga cargo de nosotras: que el otro haga lo que yo quiero, que sea como yo quiero, que responda a lo que yo necesito… Sin embargo, como estamos viendo, solo nosotras somos responsables de calmarnos y darnos lo que necesitamos. Somos las responsables de hacernos cargo de esa niña interior que a veces se revuelve. Si vivimos esperando que otros la cuiden viviremos en la frustración de que eso no ocurra.

Es de mucha ayuda en todo este proceso poder conocer nuestra historia, la personal de cada una, de forma que podamos saber cuáles son nuestras heridas, creencias, dificultades, según lo que ocurrió en cada una de nuestras vidas. 

Conocer tu historia es el punto de partida para conocerte a ti misma, que al mismo tiempo te ayuda a saber qué necesitas y cómo dártelo.